viernes, 9 de diciembre de 2016

.. te recé en la catedral helada

Te recé en la catedral helada,
los cóndores abrazaban la estela
del vaho desde mi boca buscaba tu voz,
llena eres de gracia y de pecas
en esta mañana por fin primavera.

Estaba enfadado, así que la plegaria
sonaba a tormenta, a canto de remeros,
a mañana de lunes, sirena de fábrica.

Iracundo, mi lamento,
como leche quemada rebosando el cazo,
subía hacia un cielo vestido de marzo:
tú tan noche de San Juan,

ellos tan miércoles de ceniza.


Buscarte con la mirada en cualquier librería,
esperándome mientras hojeas a Chejov,
pensaba mientras los neveros se evaporaban,
los autobuses escupían su humo
y alguien maldecía en mapudungun.


Cachorros de puma bebían de tus manos,
diosa de la cordillera palermitana, pasado Juan B. Justo,
e imaginaba mis brazos dibujando tu hueco,
como chal de alpaca vistiendo tu alegría.

Bendita entre todas las mujeres, te rezaba
y hogueras de lenga calentaban la tarde,
flores de calafate en ofrenda
y vellones de oro para cubrir las camas,
tarde de televisor y pantuflas,
recostado en tu regazo,
la vida detenida en el naranja del ocaso,
menos tu vientre, todo es olvido.

Te recé en la catedral helada
y supe de ti al abrir los ojos.
Te vi reflejada en todas las aguas
y como una zarza ardiente
señalabas el camino hacia mi tierra prometida:
menos tu regazo, todo es penumbra.



(En la catedral helada. Ismael Serrano)

..es lo que le falta a todo lo demás...
Fotos: Rio Lozoya. 

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