miércoles, 31 de marzo de 2010

Edmundo de Amicis y el Aranjuez de 1873 (y 2)

Así termina la descripción de Aranjuez que realiza Amici en su libro "España" en 1873:
"Los jardines de Aranjuez (Aranjuez es el nombre del pequeño pueblo que está á poca distancia del palacio Real) parecen haber sido hechos por una familia de reyes titanes, para los cuales los parques y jardines de nuestros reyes hubieran parecido parterres de terrado ó pequeños parques de ovejas. Senderos hasta perderse de vista, bordados de árboles de una altura desmesurada, que unen sus ramas inclinándose unos hacia otros, como doblados por contrarios vientos, y forman un bosque cuyos límites no alcanza la vista; y á través de este bosque, el ancho y caudaloso Tajo describe una curva majestuosa, dando vida aquí y allá á cascadas y fuentes, y á una vegetación rica y apiñada que florece en un laberinto de sendas y encrucijadas. Por todas partes estatuas, surtidores, columnas, elevados juegos de agua que cae formando cascadas; y todas las flores posibles de Europa y América; y al murmullo majestuoso de la corriente del Tajo se une el canto de innumerables ruiseñores que lanzan sus trinos en la sombra misteriosa de los solitarios senderos. En el fondo de los jardines se levanta un pequeño palacio de mármol, de modesta apariencia, que encierra todas las maravillas de la más magnífica residencia real, y donde se respira todavía la atmósfera íntima de la vida de los reyes de España. Allí se encuentran los gabinetes secretos, cuyo cielo raso se toca con las manos, la sala de billar de Carlos IV, los almohadones bordados por manos de las reinas, los relojes con música que alegran la ociosidad de los niños, las angostas escaleras, las estrechas ventanas, que guardan cien tradiciones de los caprichos de los príncipes, y en fin, el más rico retrete de Europa, debido á un capricho de Carlos IV, y que encierra por sí solo riqueza bastante para, edificar otro palacio, sin que perdiera la noble primacía de que está orgulloso por encima de todos los gabinetes destinados al mismo uso. Más allá de este palacio, y rodeados de bosques, se encuentran viñedos, olivares, plantaciones de árboles frutales y alegres praderas. Es un verdadero oasis rodeado de un desierto; que Felipe II escogió un día de buen humor para dulcificar con una imagen alegre la negra melancolía del Escorial. Al volver del palacio de mármol al palacio grande, por esas largas sendas, á la sombra de esos árboles grandiosos, en esa profunda paz del bosque, pensé los espléndidos cortejos de damas y caballeros que en otros tiempos siguieron el paso de jóvenes y alegres monarcas y de caprichosas y sin freno, arrullados por los cantos de amor y los himnos que celebraban la grandeza y la gloria de España invencible, y repetía melancólicamente con el poeta de Recanati: << …Todo es paz y silencio/ ya de ellos no habla nadie >>Y mirando á los bancos de mármol medio escondidos bajo el ramaje, ó siguiendo con los ojos algunos senderos que se pierden en lontananza; pensando en aquellas reinas, en aquellos amores, en aquellas locuras, no pude contener un suspiro, que no era por cierto un suspiro de piedad, y cierta amargura se apoderó de mi corazón. Me preguntaba cómo el pobre Adán, en el poema El diablo mundo: «¿Cómo son hechas esas damas?—¿Cómo viven?—¿Qué hacen?—¿Hablan, aman, juegan acaso como nosotros?» y salí para Toledo, soñando en el amor de una reina, como un joven aventurero de las Mil y una noches."
ULTREIA ET SUSEIA

martes, 30 de marzo de 2010

Edmundo de Amicis y el Aranjuez de 1873 (1)

Escritor y periodista italiano(1846-1908). Apasionado patriota, después de estudiar en un liceo de Turín entró en la base militar de Módena, de la que salió oficial, y como tal asistió a la batalla de Ustoza (1866).Durante su carrera militar aceptó la dirección del diario L'Italia Militare (1867), que se publicaba en Florencia, permaneciendo en las filas del ejército hasta la entrada de las tropas italianas en Roma, en cuya época pidió el retiro para dedicarse por completo a sus trabajos literarios, tributando a la carrera unos bocetos publicados en 1868 con el título de La vida militar. Visto el éxito de la obra, decidió consagrarse a la literatura y al periodismo. Ha sido uno de los escritores más populares en Italia y más conocidos en el extranjero, puesto que sus obras han sido traducidas a todos los idiomas europeos. Escribió numerosos libros de viajes que alcanzaron también un gran éxito por la facilidad demostrada por el autor para describir rápidamente los lugares y costumbres que se ofrecen ante su vista: España (1873), Holanda (1874), Marruecos (1876), Constantinopla (1878-1879) y alcanzó otro gran éxito con su novela Corazón(1886).Traducida a múltiples idiomas y llevada al cine, la televisión y a tiras cómicas numerosas veces a través de los años desde su publicación original inspirada en la narración interpolada en este libro denominada De los Apeninos a los Andes (¿os acordais de Marco buscándo a su mamá?) . En 1891 se adhirió al partido socialista y publicó conferencias y estudios. Entre sus obras pueden citarse también Los efectos psicológicos del vino (Turín, 1881) o L'idioma gentile (1905), una apología de la lengua italiana. También surgieron otros textos caracterizados por una acentuada sensibilidad social. Sobre el océano (1889), un libro dedicado a la emigración a América, y Primero de mayo, cuyo título evoca la jornada de 1890 en que se celebró por primera vez el día del trabajo; esta novela, sin embargo, no se publicó hasta 1980. Luego aparecieron Poesías (1881) y Retratos literarios (1881), primer ejemplo en Italia de un libro de entrevistas con personalidades del mundo literario . Así relataba su visita a Aranjuez en 1873 : " Lo mismo cuando se llega por la parte del Norte, que cuando se sale de Madrid por el camino del Mediodía, se recorren campos solitarios que recuerdan las provincias más pobres de Aragón y de Castilla la Vieja. Son vastas llanuras amarillentas y estériles; diríase que si se golpeara la tierra, ésta ha de resonar como una caja vacía o quebrarse como la corteza de una torta quemada. Vense pocos y miserables pueblos, del mismo color que la tierra, que parecen han de encenderse como un montón de hojas secas, sólo al aproximar á ellas un fósforo encendido. Después de una hora de viaje, mi espalda buscó la pared del vagón, mi codo buscó también un apoyo y caí en un profundo letargo, como miembro del Ateneo d´ascollazione de Giocomo Leopordi. Poco después de haber cerrado los ojos, cuando fui despertado por unos gritos espantosos de mujeres y niños, y me puse en pie, preguntando a mis vecinos qué había sucedido. Apenas había formulado la pregunta me sorprendió una carcajada general. Varios cazadores dispersados por el campo, al ver llegar el tren, se habían puesto de acuerdo para dar un bromazo a los viajeros. Hablábase entonces de la aparición de una partida de carlistas en los alrededores de Aranjuez; los cazadores, fingiendo ser la vanguardia de la partida, habían dado grandes voces al pasar el tren, como si dieran aviso al grueso del ejercito, haciendo al mismo tiempo ademán de apuntar á los viajeros. Pero en seguida levantaron al aire las culatas para dar a entender que todo había sido una broma. Pasado el pánico, del cual participé, volví a caer en mi letargo académico; pero desperté de nuevo á los pocos minutos, aunque esta vez por un motivo más agradable. Miré á mi alrededor: aquellos campos desiertos se habían trasformado, como por encanto, en un inmenso jardín lleno de preciosos bosquecillos, cortado en todos sentidos por largos paseos, sembrados de casitas campestres y de cabañas cubiertas de verdura; aquí y allá alegres fuentecillas, retiros umbrosos, prados floridos, viñedos, sendas, y un verdor, una frescura, un olor a primavera, un ambiente de dicha y de placer que os transporta el alma á un paraíso. Habíamos llegado á Aranjuez. Descendí del tren, seguí una hermosa calle sombreada por dos hileras de árboles gigantescos y me hallé a los pocos instantes frente al palacio Real. El ministro Castelar ha escrito recientemente en su Memorandum, que la caída de la Monarquía española se dejó prever y se pudo predecir desde el día en que una turba del populacho, la injuria en los labios y la cólera en el corazón invadió el palacio de Aranjuez para turbar la tranquila majestad de sus soberanos. Me hallaba precisamente en aquel sitio donde el 17 de marzo de 1808 tuvieron lugar los acontecimientos que fueron el prólogo de la guerra civil y como la primera palabra que condenó a muerte á la antigua monarquía. Busqué enseguida con la mirada las ventanas del departamento del príncipe de la Paz; me representé en la imaginación la escena de cuando aquel favorito huía de sala en sala, pálido y demudado, en busca de un escondrijo, al eco de los gritos de la multitud que subía por la escalera; vía al pobre Carlos IV colocar con manos temblorosas la corona sobre la cabeza del príncipe de Asturias; todo los cuadros de aquel drama terrible aparecieron ante mis ojos; y el silencio profundo de aquel sitio, y la vista de aquel palacio cerrado y abandonado, me hicieron sentir frío en el corazón. El palacio tiene forma de castillo fortaleza; es de ladrillo, con los ángulos de piedra de blanca y el techo de pizarra. Es sabido que Felipe II lo hizo construir por el célebre arquitecto Herrera, y que todos sus sucesores lo embellecieron, habitándolo durante la estación calurosa. Entré. El interior es espléndido: tiene una sala brillantísima para la recepción de los embajadores, un hermoso gabinete chino de Carlos III, un magnifico gabinete tocador de Isabel II y una profusión de adornos."
La foto de palacio es de la colección de Juanin.
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domingo, 28 de marzo de 2010

Franco en Las Cristinas (1957)

Hace tiempo que recibí un correo de mi buen amigo Juanín, cuestión ésta que no por asidua, no deja de ser una grata ilusión por el excelente material fotográfico histórico que siempre te regala. Está vez fueron varias fotografías de Franco en Aranjuez, en "las Cristinas". No sabíamos nada más pero como las ciencias avanzan que es una barbaridad, ahí estaban a nuestra disposición las hemerotecas digitales del ABC y de la Vanguardía. Ya sólo fue cuestión de tiempo y paciencia. Y la historia se resume así: Un 6 de noviembre de 1957, el señor bajito del bigote, marcha de su casita del Pardo a Toledo para celebrar el 50 aniversario de su Promoción de la Academia de Oficiales con sus compañeros de armas (tomar). Después de los actos propios de estos eventos , a la vuelta decidió pasarse por Aranjuez y visitar a las huérfanas de jefes y oficiales del Ejército de Tierra en el colegio internado que se denominaba popularmente “las cristinas”, oficialmente Colegio de Huérfanas del Ejército “ María Cristina” y que actualmente ocupan las instalaciones del Centro Cultural Isabel de Farnesio. Tanto en las crónicas de ABC como de La Vanguardia se detalla pormenorizadamente la visita, y a la niña de las fotos que Juanín me manda, tras la lectura de la crónica , cualquiera que camine por este blog, la pondrá su nombre. No merece más comentario la noticia; del colegio de las “cristinas” y lo que representó para Aranjuez durante su estancia en esta ciudad hasta su cierre ya tendremos ocasión de comentarlo en próximos post. Os dejo con la crónica de la agencia CIFRA para La Vanguardia: Cifra. El Caudillo visita en Aranjuez el Colegio de María Cristina Trescientas huérfanas de jefes y oficiales del Ejército reciben instrucción en este centro docente. Constantes vítores y aplausos del público Aranjuez A las, cinco de la tarde llegó Su Excelencia el Jefe del Estado al Real Sitio de Aranjuez, donde fue recibido por un gran gentío que le hizo objeto de un clamoroso recibimiento. El Caudillo, se dirigió al Colegio de Huérfanos de María Cristina, en cuya puerta formaba un escuadrón de Caballería que rindió honores. El Caudillo descendió del coche y fue cumplimentado por el Capitán General de la Primera Región, teniente general Rodrigo, con el cual, y con los ministros del Ejército y de la Gobernación, pasó revista las fuerzas que le rendían Honores, entre constantes vítores y aplausos del público estacionado en los alrededores del Colegio. El Caudillo penetró en el Colegio de María Cristina, en cuya puerta fue saludado por el presidente del Patronato de Colegios de Huérfanos, teniente general Delgado Serrano, y del Patronato de Huérfanos del Ejército de Tierra, general Villalta; la superiora, Madre Guadalupe, Hermandad de la Sagrada Familia y pro- fesores. El Generalísimo se dirigió al patio central donde formaban las trescientas huérfanas de jefes y oficiales del Ejército de Tierra, que se educan en dicho Colegio y representaciones de niños y niñas de los Colegios de Huérfanos de los Ejércitos de Mar, Aire y Guardia Civil. El Caudillo fue recibido con prolongados aplausos de los niños que formaban en el patio. Hecho el silencio, la niña Leonor Revilla, huérfana del teniente de Infantería don Doroteo Revilla, muerto durante nuestra Guerra de Liberación, pronunció ante el Caudillo las siguientes palabras: «Los alumnos de los Colegios de Huérfanos de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire y de la Guardia Civil, huérfanos todos de jefes, oficiales y suboficiales, caídos unos a vuestras órdenes en la Guerra de Liberación de España y otros en actos de servicio y en diferentes circunstancias, de la vida, os dan la bienvenida a este Colegio y os agradecen desde lo más profundo de sus corazones, el recuerdo que con ello dedicáis a nuestros padres, y el honor que a nosotras nos hacéis al venir a visitarnos. Conocemos, señor, aquí, a muchos de los generales y jefes que os acompañan, ya que en varias ocasiones han venido a visitarnos, a obsequiarnos, interesarse por nosotras, dejando en todas un recuerdo gratísimo de sus visitas, que no olvidaremos jamás. Pero Excelencia, vuestra presencia hoy en esto Colegio al frente de sus compañeros de profesión, es para nosotras algo tan extraordinario, tan querido, tan soñado,que es como si un sueño tan deseado se convirtiera de pronto en realidad. Os miramos, señor, con el asombro y el cariño que merece Vuestra Excelencia pues sois el Jefe del Estado y el Caudillo de España que la conquistasteis palmo a palmo y la hicisteis nueva; sois la representación en persona de nuestra querida España: sois el Generalísimo de los ejércitos en cuyas filas formaron nuestros padres, tan queridos y recordados por nosotras; vemos en vos al padre de todos los españoles y muy en particular al nuestro por vestir el uniforme que ellos vistieron. Excelencia, perdonadme este ruego que voy haceros, quizás fuera de protocolo, pero es que el protocolo suele ser frío, convencional y reverencioso y aquí habla, un corazón que lo hace al unísono y en representación de los de cuantos huérfanos aquí estamos. Permitidme, Excelencia, que en estos momentos inolvidables para nosotros os dé un beso filial. El que da el soldado a su bandera al jurarle fidelidad. El que todos quisiéramos dar a nuestra querida, heroica e inmortal España, que en estos momentos está en carne viva ante nosotras con todas sus grandezas y todas sus gallardías, el que saldrá de nuestros corazones llenos de emoción y cariño con que cada uno de nosotros le daría a su padre, si levantase la cabeza en estos momentos. Ellos os bendecirán desde el cielo por el bien que habéis hecho y hacéis a España, por el recuerdo que a ellos dedicáis al venir a visitarnos cuando celebráis vuestros cincuenta años de intensos y heroicos servicios a España, y por el honor, repito que a todos los huérfanos del Ejército nos hacéis. Y sabed, señor, que en esta casa y lo mismo en los demás colegios en unión de nuestras madres profesoras o profesores, pedimos diariamente a Dios os colme a Vos y a España dé paz y de cuantas dichas merecéis. Viva España! ¡Viva Franco! Viva el Ejército!». Estos tres vítores fueron contestados clamorosamente y los alumnos vitorearon después, durante largo rato, a Franco. Ha sido sin duda, este acto, uno de los más emotivos de la jornada. La emoción retaba las gargantas de todos y asomaban las lágrimas a los ojos de hombres que llevaban en las guerreras prendidas sobre el pecho la Cruz con Laureles de San Fernando y la Medalla Militar. La niña Leonor Revilla se adelantó hacia el Generalísimo, que la besó efusivamente, y lo mismo hizo con otras dos niñas y dos niños que representaban a los Colegios de Huérfanos de la Marina, Aire y Guardia Civil. Una vez que se hizo el silencio, después de los clamorosos vítores y aplausos que aquellos niños ofrecieron al Caudillo, el Generalísimo, visiblemente emocionado, pronunció unas palabras para agradecer las inequívocas muestras de cariño que le habían ofrecido y para transmitirles el de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, y el corazón de quién agradece el sacrificio heroico de vuestros padres. Después entre constantes vitores y aplausos, el Caudillo hizo una visita a las instalaciones del colegio, y se dirigió después a la capilla, donde las niñas cantaron una salve. Más tarde, en el salón de actos, las niñas acogidas en el colegio interpretaron diversas canciones y bailes regionales. Poco antes de abandonar el colegio, el Generalísimo Franco, ministros, capitán general y tenientes generales de la promoción entregaron cajas de bombones a todos los niños que habían asistido a este acto y que les regala S. E. el jefe del Estado. A su salida una compacta multitud tributó al Generalísimo Franco una clamorosa despedida cuando pasadas las seis de la tarde abandonaba Aranjuez, para dirigirse a su residencia de El Pardo.
ULTREIA ET SUSEIA