martes, 7 de diciembre de 2010

Royo Villanova y el Aranjuez de 1896 (3ª parte)

Sigue así  Royo Villanova con su descripción de Aranjuez, publicada en la revista Blanco y Negro de 30 de mayo de 1896: " Frente a las Casas Consistoriales se levanta un amplio pedestal que ha de sostener al estatua equestre(¿?) de D. Alfonso XII, como eterno recuerdo de gratitud á aquella simpática escapatoria que  hiciera el monarca un día de verano de 1885 para visitar a los coléricos del Real Sitio. En medio de la Plaza levántase también el mercado nuevo que daría envidia a muchas capitales de primer orden. En compañía del Alcalde, bajo cuyos auspicios se ha llevado á cabo tan importante obra para la higiene de Aranjuez, recorrimos las naves del mercado, donde abundan, como es natural, los dos productos típicos del país. En grandes banastas se ven montones de espárragos morados y verdes, con el jugoso tronco mojado por la tierra húmeda, aguardando la limpieza, la clasificación y el manojeo; la toilette, en fin, de todo espárrago fino y presentable. Las "excusas" de mimbres, de todas formas y tamaños, abrían sus valvas, dejando ver grandes cantidades de fresa con un rojo que encanta a la vista y un aroma que embriaga el olfato.
En la Plaza de Abastos una fuente de mal gusto, pero artística al fin, congrega en su torno á las criadas. Cuatro delfines, con las colas por lo alto hechas una trenza, arrojan agua por su cuatro bocas, donde la criada aplica una caña para llenar los cántaros; porque son cuatro los que lleva cada una, conduciéndolos en una carretilla muy ancha, como cumple á las dimensiones que todo tiene en Aranjuez. Sabia y previsora costumbre que alabo .....
No habiendo guarnición en Aranjuez, os extraña el sonido de las cornetas tocando retreta, llamada o silencio. Bien pronto, y acudiendo instintivamente hacia donde suena el clarín, veis que se trata del  Colegio de Huérfanos de María Cristina, una de las más modernas y de las más simpáticas instituciones de nuestro ejercito. Si el espectáculo de la juventud bulliciosa y contenta fue siempre cosa agradable, es sugestiva é interesante la contemplación de aquellos centenares de muchachos con trajecillos grises y sus gorras de cuartel recrearse con los libros debajo del brazo y entre clase y clase en el ancho patio.
Yo no sé si es impresión primera ó es impresión resucitada por el recuerdo de algún telón, cuadro ó estampa representativos del motín de Aranjuez. Ello es que aquellos arcos de San Antonio, tras de los cuales surge la cúpula de la capilla, formando el todo artística excepción á la regular monotonía del pueblo entero, evocan en la memoria las páginas leídas en Lafuente ó en los Episodios de Pérez Gáldos. Parece que va á sonar de un momento á otro música de Barbieri; que Goya va  á  asomar con su caballete al brazo para tomar un apunte del natural; que las manolas irritadas y los chisperos maldicientes van á aparecer bajo aquellos arcos menudos y apretados, que os recuerdan, sin saber por qué, los arcos tan característicos también del café de Pombo.
Y si ese trozo de Aranjuez, de los más expresivos y pictóricos á mi juicio, os hacen pensar en el pincel de Goya, el bellísimo paisaje que se contempla á la entrada del Jardín de la Isla os recuerda con la misma fuerza imaginativa los abanicos de Wateu. En el fondo, el Palacio Real alzando su mole rosácea acribillada de huecos; delante, los árboles del jardín, y más acá los macizos del parterre con panzudos jarrones de trecho en trecho. A la derecha describe el río graciosísima curva, desmayándose  en una cascada, á cuyo pie nadan las ocas entre hierbas acuáticas y sauces disciplentes. Aquel fondo está pidiendo una escena galante de abates y damiselas. La bóvedas del cielo por arriba y la curva del río por abajo, simulan los dos arcos de un segmento de vitela; la verja del jardín y los cables retorcidos del puente colgante, parecen el varillaje de tan encantador y original abanico".

ULTREIA ET SUSEIA


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