domingo, 14 de noviembre de 2010

la Condesa de Gasparín y el Aranjuez de 1869

Valeríe Boissier, Condesa de Gasparín ( 1813-1894) nació en Ginebra y fue compañera sentimental del periodista Agenor de Gasparín. Visitó España en 1866, junto con un grupo de intelectuales recorriendo ciudades de la costa mediterránea y de la Meseta Castellana. Las impresiones de este viaje las plasmaría en su libro “ A travers les Espagnes: Catalogne,Valence,Alicante, Murcia et Castille” publicado en el año 1869. El periódico ABC recogía en su edición del domingo 2 de abril de 1972 este comentario sobre su libro : “ no se trata de un trabajo erudito como otros tantos libros de esta notable escritora, sino de una serie de impresiones agradables, pintadas con vivo y brillante colorido. Y aunque incurre en algunos errores de detalle, porqué en su rápido paseo por España vio mucho sin profundizar en nada, acierta, revelando un espíritu de observación muy notable, a describir con gracia y donaire la vida y costumbres de aquella época ….” .Así comentaba la Condesa de Gasparín su breve paseo por nuestra ciudad: Hácia las seis de la mañana, algunos árboles se redondean en medio de las brumas matutinas, y oímos gritar << Aranjuez>>;. Medio dormidos y medio despiertos, bajamos de los carruajes (del tren), y vemos delante de nosotros un palacio, macizo y pesado, que nos recuerda á Versalles. Pasamos la verja, siguiendo la galería que hizo construir Godoy, el Príncipe de la Paz, para pasar mas cómodamente de su alojamiento al palacio real. Nos abren, no sin dificultad (lo temprano de la hora choca con las costumbres nacionales), y un tapiz de césped, blanqueado por la escarcha, estiéndese ante nuestros pasos. Esta naturaleza del Norte, pálida, desnuda todavía, fría y desapacible, nos deja desabridos, y marchamos en silencio, hasta que interrumpe nuestros pasos una balaustrada. Un rio amarillerento corre á nuestros pies, llenando todo su cauce, y nosotros, en fila sobre su ribera, contemplando la lánguida y triste corriente, esclamamos medio dormidos << este es el Tajo>>. No es muy poético todo esto; pero lo cuento como pasó. Esta corriente cenagosa rodea y cierra el palacio. Doquiera que vayais, bajo los árboles que comienzan á cerner los rayos del dia, en los parterres en que algunos raquíticos jacintos levantan sus campañillas, siempre se escucha la voz grave del rio, siempre se tropieza con los pliegues de la colosal culebra. Parece que la corte de España no pueda, ni aun en el campo, librarse de la tristeza y la solemnidad. Hay también huertos de frutales; los capullos de los perales están á punto de abrirse, y nos hacen observar cuán precoz es la estación. Pero ¡ay! Aun tenemos ante los ojos la naturaleza ardiente de Cartagena; aun vemos columpiarse las palmeras y el ramage resplandeciente de los naranjos, la luz de aquel cielo, el deslumbramiento de aquel mar, las mantas rojas de los valencianos, los corpiños azules de las gitanas y el relámpago de los ojos negros, nos envuelven aun en una atmósfera encantada.Ya estamos bajo los álamos. Los troncos son magnificos, las ramas hermosas: no digo lo contrario. Los botones se abultan, las hojillas brotan, y acá y allá algún parterre rodeado de un seto de boj, nos hace ver ora un grupo de estatuas, ora una fuente marmórea, pero sin agua, exactamente lo mismo que en los jardines de Luis XIV.

Tiene cierta esta energía de la vegetación. La plaza de los Robles, con su arcada de piedra, que se destaca sobre un fondo de follaje, produce un contraste que deleita la vista. La perspectiva que mas allá pone la luz del cielo como término de una cuádruple alameda de plátanos, y la gruta de Pausilipo, abierta en medio de un espeso bosque, tienen bello aspecto. Comprendo que para gentes habituadas á las arideces manchegas, Aranjuez tenga los encantos de los jardines de Aramida, pero no conviene, para admirarlo, venir de la parte de Murcia.
Tiene, sin embargo, los ruiseñores que se respondan de un segmento á otro de esta selva geométrica; tiene las notas plañideras de la abubilla, apropiadas á la melancolía de es te sitio; tiene los recuerdos de Cárlos IV, rey inútil, lanzado del trono en este mismo lugar por su hijo Fernando VII; y el pánico de Godoy, cuando después de treinta y seis horas de angustia y ayuno, se aventuró á salir de su escondite, fue reconocido, preso y arrastrado temblando ante el usurpador, que le dejo la vida.
La imagen mas halagüeña de la pobre María Luisa, aquella infanta de Saboya, cuya memoria hemos encontrado en Figueras, vaga también por estas alamedas. La reinecita paseaba bajo estos hermosos árboles " que en todas partes agrandan, escribia, pero aun mas en España, donde se ven tan pocos". Y asi caminamos entre un pasado mezquino, cuyos pálidos reflejos no bastan para iluminar este sitio, y la frialdad de esta naturaleza dormida, cuya monotonía deja helado el corazón. A no ser por el rio, que rodea y aprisiona el palacio, que corre á través del parque y que hace comprender su profundidad con sus graves mugidos, nos llevaríamos de Aranjuez mas que una impresión descolorida.
Dos horas de ferro-carril nos han puesto en Toledo.”

ULTREIA ET SUSEIA
 

2 comentarios:

Desvanecerse dijo...

Siempre nos quedará algún camino sin huellas.

Saludos

cecibustos dijo...

¡Qué rarezas amigo Caminante! Qué descripción más inusual hace esta señora de Aranjuez. Tal vez la hora: aún estaba uncida a una pesadilla nocturna y esa era la bruma con la que sus ojos vieron lo que describe. Sí, muy extrañas consideraciones. Menos mal que contempló el Tajo de hace 150 años y no el de ahora.
En todo caso resulta interesante contemplar opiniones que nos pueden ayudar a ser más ponderados en nuestras consideraciones. Buen trabajo, pues, el tuyo, trayendo a nuestra consideración opiniones diversas.
Un abrazo,
Cecilio