lunes, 5 de abril de 2010

De peleas y acciones benémeritas (septiembre 1905)

Corría tranquila, en el retén del puesto de la Guardia Civil de Aranjuez, aquella mañana del día 6 del mes de septiembre de 1905 cuando el sargento Morales, jefe de la guardia, llamó al cabo 1º Ángel Mateo, a la sazón el más veterano de los de servicio, y le comentó que un paisano le había informado de un tumulto en la zona de las Herrerias y que junto con otro guardia se acercase, a ver qué pasaba. El cabo Mateo, saliendo del despacho de sargento buscó entre los guardia que hacían instrucción en el patio del cuartel y reclamó a voces al guardia segundo Isidoro Herrero. Con el mosquetón al hombro se encaminaron raudos hacia ese paraje. Según avanzaban, desde la lejanía, podían comprobar como un grupo de más de diez personas estaban agrediéndose entre sí, y lo peor… se veíanse armas cortas y largas y oíanse disparos. Al llegar, armados los mosqueteones en prevención, tras el grito (algo más fuerte y brioso de lo normal, para ver si se les oía entre tanto ruido) del cabo de “alto a la Guardia Civil” los enfrentados, gitanos conocidos de la localidad, de familias no muy bien allegadas entre si, al unísono, se volvieron contra los guardias para recibirlos con tiros de revolver y pistola, que una cosa es que entre ” tanos” nos arreglemos el cuerpo por un accidente de circulación, y otra que se metan en medio los payos y más los guardias civiles. Los “beneméritos” hicieron frente a la agresión con disparos de sus armas reglamentarias, pero difícil estaba el asunto, pensaba el cabo…menudo follón para dos contra todos esos tipos ….. a no ser que esas nubes de polvo que se acercan sean de guardia civil a caballo. Y es que el sargento Morales, con más de treinta años en el Cuerpo, acostumbrado a decir a los guardias jóvenes “ que sabe más el diablo por viejo que por diablo”, pues como que se quedó rumiando lo de la pelea después de mandar “payá” al Mateo y al Herrero, y como no le cuadraba “endemasia , decidió que no vendría mal un pequeño refuerzo por si acaso, y si no era ” ná” , pues más que mejor. Ante tanto “picoleto” y tras varios certeros disparos de los mismos, los “tanos” depusieron sus armas levantando los brazos, dándose presos. Restablecida la paz los guardias comprobaron las graves heridas infligidas a Julián y Antonio Montoya y a Manuel y Ampliato Montoya. Trasladados de urgencia por la ambulancia de la Cruz Roja al Hospital de San Carlos el primero falleció, estando los otros tres más bastante mal. Los demás, en los calabozos del puesto, que hay que “tranquilizarlos” antes que se les tome declaración el juez de guardía, pero con pocas prisas, que bastante follón han montado hoy para que se vayan de “rositas”, decía el sargento Morales. Pero poco le duró la alegría, ya que otra patrulla de ronda por la población, había echado mano a Ángel Alcame, de profesión electricista y vecino de Madrid, que andaba por la población “expendiendo “ moneda falsa y ya había dado el “cambio” a tres vecinos. Cuándo le registraron en presencia del juez que ya había hecho presencia en el cuartel, le encontraron veinticuatro monedas falsas de a dos. Hechos ocurridos, aunque novelados con cierta licencia en este post, en nuestra localidad en el año de 1905 y de los que se hizo eco el diario ABC en su edición de 8 de septiembre.

1 comentario:

Desvanecerse dijo...

En la adversidad conviene muchas veces tomar un camino atrevido. Lucio Anneo Séneca (2 AC-65) Filósofo latino.

Saludos