domingo, 28 de marzo de 2010

Franco en Las Cristinas (1957)

Hace tiempo que recibí un correo de mi buen amigo Juanín, cuestión ésta que no por asidua, no deja de ser una grata ilusión por el excelente material fotográfico histórico que siempre te regala. Está vez fueron varias fotografías de Franco en Aranjuez, en "las Cristinas". No sabíamos nada más pero como las ciencias avanzan que es una barbaridad, ahí estaban a nuestra disposición las hemerotecas digitales del ABC y de la Vanguardía. Ya sólo fue cuestión de tiempo y paciencia. Y la historia se resume así: Un 6 de noviembre de 1957, el señor bajito del bigote, marcha de su casita del Pardo a Toledo para celebrar el 50 aniversario de su Promoción de la Academia de Oficiales con sus compañeros de armas (tomar). Después de los actos propios de estos eventos , a la vuelta decidió pasarse por Aranjuez y visitar a las huérfanas de jefes y oficiales del Ejército de Tierra en el colegio internado que se denominaba popularmente “las cristinas”, oficialmente Colegio de Huérfanas del Ejército “ María Cristina” y que actualmente ocupan las instalaciones del Centro Cultural Isabel de Farnesio. Tanto en las crónicas de ABC como de La Vanguardia se detalla pormenorizadamente la visita, y a la niña de las fotos que Juanín me manda, tras la lectura de la crónica , cualquiera que camine por este blog, la pondrá su nombre. No merece más comentario la noticia; del colegio de las “cristinas” y lo que representó para Aranjuez durante su estancia en esta ciudad hasta su cierre ya tendremos ocasión de comentarlo en próximos post. Os dejo con la crónica de la agencia CIFRA para La Vanguardia: Cifra. El Caudillo visita en Aranjuez el Colegio de María Cristina Trescientas huérfanas de jefes y oficiales del Ejército reciben instrucción en este centro docente. Constantes vítores y aplausos del público Aranjuez A las, cinco de la tarde llegó Su Excelencia el Jefe del Estado al Real Sitio de Aranjuez, donde fue recibido por un gran gentío que le hizo objeto de un clamoroso recibimiento. El Caudillo, se dirigió al Colegio de Huérfanos de María Cristina, en cuya puerta formaba un escuadrón de Caballería que rindió honores. El Caudillo descendió del coche y fue cumplimentado por el Capitán General de la Primera Región, teniente general Rodrigo, con el cual, y con los ministros del Ejército y de la Gobernación, pasó revista las fuerzas que le rendían Honores, entre constantes vítores y aplausos del público estacionado en los alrededores del Colegio. El Caudillo penetró en el Colegio de María Cristina, en cuya puerta fue saludado por el presidente del Patronato de Colegios de Huérfanos, teniente general Delgado Serrano, y del Patronato de Huérfanos del Ejército de Tierra, general Villalta; la superiora, Madre Guadalupe, Hermandad de la Sagrada Familia y pro- fesores. El Generalísimo se dirigió al patio central donde formaban las trescientas huérfanas de jefes y oficiales del Ejército de Tierra, que se educan en dicho Colegio y representaciones de niños y niñas de los Colegios de Huérfanos de los Ejércitos de Mar, Aire y Guardia Civil. El Caudillo fue recibido con prolongados aplausos de los niños que formaban en el patio. Hecho el silencio, la niña Leonor Revilla, huérfana del teniente de Infantería don Doroteo Revilla, muerto durante nuestra Guerra de Liberación, pronunció ante el Caudillo las siguientes palabras: «Los alumnos de los Colegios de Huérfanos de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire y de la Guardia Civil, huérfanos todos de jefes, oficiales y suboficiales, caídos unos a vuestras órdenes en la Guerra de Liberación de España y otros en actos de servicio y en diferentes circunstancias, de la vida, os dan la bienvenida a este Colegio y os agradecen desde lo más profundo de sus corazones, el recuerdo que con ello dedicáis a nuestros padres, y el honor que a nosotras nos hacéis al venir a visitarnos. Conocemos, señor, aquí, a muchos de los generales y jefes que os acompañan, ya que en varias ocasiones han venido a visitarnos, a obsequiarnos, interesarse por nosotras, dejando en todas un recuerdo gratísimo de sus visitas, que no olvidaremos jamás. Pero Excelencia, vuestra presencia hoy en esto Colegio al frente de sus compañeros de profesión, es para nosotras algo tan extraordinario, tan querido, tan soñado,que es como si un sueño tan deseado se convirtiera de pronto en realidad. Os miramos, señor, con el asombro y el cariño que merece Vuestra Excelencia pues sois el Jefe del Estado y el Caudillo de España que la conquistasteis palmo a palmo y la hicisteis nueva; sois la representación en persona de nuestra querida España: sois el Generalísimo de los ejércitos en cuyas filas formaron nuestros padres, tan queridos y recordados por nosotras; vemos en vos al padre de todos los españoles y muy en particular al nuestro por vestir el uniforme que ellos vistieron. Excelencia, perdonadme este ruego que voy haceros, quizás fuera de protocolo, pero es que el protocolo suele ser frío, convencional y reverencioso y aquí habla, un corazón que lo hace al unísono y en representación de los de cuantos huérfanos aquí estamos. Permitidme, Excelencia, que en estos momentos inolvidables para nosotros os dé un beso filial. El que da el soldado a su bandera al jurarle fidelidad. El que todos quisiéramos dar a nuestra querida, heroica e inmortal España, que en estos momentos está en carne viva ante nosotras con todas sus grandezas y todas sus gallardías, el que saldrá de nuestros corazones llenos de emoción y cariño con que cada uno de nosotros le daría a su padre, si levantase la cabeza en estos momentos. Ellos os bendecirán desde el cielo por el bien que habéis hecho y hacéis a España, por el recuerdo que a ellos dedicáis al venir a visitarnos cuando celebráis vuestros cincuenta años de intensos y heroicos servicios a España, y por el honor, repito que a todos los huérfanos del Ejército nos hacéis. Y sabed, señor, que en esta casa y lo mismo en los demás colegios en unión de nuestras madres profesoras o profesores, pedimos diariamente a Dios os colme a Vos y a España dé paz y de cuantas dichas merecéis. Viva España! ¡Viva Franco! Viva el Ejército!». Estos tres vítores fueron contestados clamorosamente y los alumnos vitorearon después, durante largo rato, a Franco. Ha sido sin duda, este acto, uno de los más emotivos de la jornada. La emoción retaba las gargantas de todos y asomaban las lágrimas a los ojos de hombres que llevaban en las guerreras prendidas sobre el pecho la Cruz con Laureles de San Fernando y la Medalla Militar. La niña Leonor Revilla se adelantó hacia el Generalísimo, que la besó efusivamente, y lo mismo hizo con otras dos niñas y dos niños que representaban a los Colegios de Huérfanos de la Marina, Aire y Guardia Civil. Una vez que se hizo el silencio, después de los clamorosos vítores y aplausos que aquellos niños ofrecieron al Caudillo, el Generalísimo, visiblemente emocionado, pronunció unas palabras para agradecer las inequívocas muestras de cariño que le habían ofrecido y para transmitirles el de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, y el corazón de quién agradece el sacrificio heroico de vuestros padres. Después entre constantes vitores y aplausos, el Caudillo hizo una visita a las instalaciones del colegio, y se dirigió después a la capilla, donde las niñas cantaron una salve. Más tarde, en el salón de actos, las niñas acogidas en el colegio interpretaron diversas canciones y bailes regionales. Poco antes de abandonar el colegio, el Generalísimo Franco, ministros, capitán general y tenientes generales de la promoción entregaron cajas de bombones a todos los niños que habían asistido a este acto y que les regala S. E. el jefe del Estado. A su salida una compacta multitud tributó al Generalísimo Franco una clamorosa despedida cuando pasadas las seis de la tarde abandonaba Aranjuez, para dirigirse a su residencia de El Pardo.
ULTREIA ET SUSEIA

1 comentario:

Desvanecerse dijo...

No conozco ningún otro signo de superioridad que la bondad. (Ludwig van Beethoven)

Saludos