martes, 30 de marzo de 2010

Edmundo de Amicis y el Aranjuez de 1873 (1)

Escritor y periodista italiano(1846-1908). Apasionado patriota, después de estudiar en un liceo de Turín entró en la base militar de Módena, de la que salió oficial, y como tal asistió a la batalla de Ustoza (1866).Durante su carrera militar aceptó la dirección del diario L'Italia Militare (1867), que se publicaba en Florencia, permaneciendo en las filas del ejército hasta la entrada de las tropas italianas en Roma, en cuya época pidió el retiro para dedicarse por completo a sus trabajos literarios, tributando a la carrera unos bocetos publicados en 1868 con el título de La vida militar. Visto el éxito de la obra, decidió consagrarse a la literatura y al periodismo. Ha sido uno de los escritores más populares en Italia y más conocidos en el extranjero, puesto que sus obras han sido traducidas a todos los idiomas europeos. Escribió numerosos libros de viajes que alcanzaron también un gran éxito por la facilidad demostrada por el autor para describir rápidamente los lugares y costumbres que se ofrecen ante su vista: España (1873), Holanda (1874), Marruecos (1876), Constantinopla (1878-1879) y alcanzó otro gran éxito con su novela Corazón(1886).Traducida a múltiples idiomas y llevada al cine, la televisión y a tiras cómicas numerosas veces a través de los años desde su publicación original inspirada en la narración interpolada en este libro denominada De los Apeninos a los Andes (¿os acordais de Marco buscándo a su mamá?) . En 1891 se adhirió al partido socialista y publicó conferencias y estudios. Entre sus obras pueden citarse también Los efectos psicológicos del vino (Turín, 1881) o L'idioma gentile (1905), una apología de la lengua italiana. También surgieron otros textos caracterizados por una acentuada sensibilidad social. Sobre el océano (1889), un libro dedicado a la emigración a América, y Primero de mayo, cuyo título evoca la jornada de 1890 en que se celebró por primera vez el día del trabajo; esta novela, sin embargo, no se publicó hasta 1980. Luego aparecieron Poesías (1881) y Retratos literarios (1881), primer ejemplo en Italia de un libro de entrevistas con personalidades del mundo literario . Así relataba su visita a Aranjuez en 1873 : " Lo mismo cuando se llega por la parte del Norte, que cuando se sale de Madrid por el camino del Mediodía, se recorren campos solitarios que recuerdan las provincias más pobres de Aragón y de Castilla la Vieja. Son vastas llanuras amarillentas y estériles; diríase que si se golpeara la tierra, ésta ha de resonar como una caja vacía o quebrarse como la corteza de una torta quemada. Vense pocos y miserables pueblos, del mismo color que la tierra, que parecen han de encenderse como un montón de hojas secas, sólo al aproximar á ellas un fósforo encendido. Después de una hora de viaje, mi espalda buscó la pared del vagón, mi codo buscó también un apoyo y caí en un profundo letargo, como miembro del Ateneo d´ascollazione de Giocomo Leopordi. Poco después de haber cerrado los ojos, cuando fui despertado por unos gritos espantosos de mujeres y niños, y me puse en pie, preguntando a mis vecinos qué había sucedido. Apenas había formulado la pregunta me sorprendió una carcajada general. Varios cazadores dispersados por el campo, al ver llegar el tren, se habían puesto de acuerdo para dar un bromazo a los viajeros. Hablábase entonces de la aparición de una partida de carlistas en los alrededores de Aranjuez; los cazadores, fingiendo ser la vanguardia de la partida, habían dado grandes voces al pasar el tren, como si dieran aviso al grueso del ejercito, haciendo al mismo tiempo ademán de apuntar á los viajeros. Pero en seguida levantaron al aire las culatas para dar a entender que todo había sido una broma. Pasado el pánico, del cual participé, volví a caer en mi letargo académico; pero desperté de nuevo á los pocos minutos, aunque esta vez por un motivo más agradable. Miré á mi alrededor: aquellos campos desiertos se habían trasformado, como por encanto, en un inmenso jardín lleno de preciosos bosquecillos, cortado en todos sentidos por largos paseos, sembrados de casitas campestres y de cabañas cubiertas de verdura; aquí y allá alegres fuentecillas, retiros umbrosos, prados floridos, viñedos, sendas, y un verdor, una frescura, un olor a primavera, un ambiente de dicha y de placer que os transporta el alma á un paraíso. Habíamos llegado á Aranjuez. Descendí del tren, seguí una hermosa calle sombreada por dos hileras de árboles gigantescos y me hallé a los pocos instantes frente al palacio Real. El ministro Castelar ha escrito recientemente en su Memorandum, que la caída de la Monarquía española se dejó prever y se pudo predecir desde el día en que una turba del populacho, la injuria en los labios y la cólera en el corazón invadió el palacio de Aranjuez para turbar la tranquila majestad de sus soberanos. Me hallaba precisamente en aquel sitio donde el 17 de marzo de 1808 tuvieron lugar los acontecimientos que fueron el prólogo de la guerra civil y como la primera palabra que condenó a muerte á la antigua monarquía. Busqué enseguida con la mirada las ventanas del departamento del príncipe de la Paz; me representé en la imaginación la escena de cuando aquel favorito huía de sala en sala, pálido y demudado, en busca de un escondrijo, al eco de los gritos de la multitud que subía por la escalera; vía al pobre Carlos IV colocar con manos temblorosas la corona sobre la cabeza del príncipe de Asturias; todo los cuadros de aquel drama terrible aparecieron ante mis ojos; y el silencio profundo de aquel sitio, y la vista de aquel palacio cerrado y abandonado, me hicieron sentir frío en el corazón. El palacio tiene forma de castillo fortaleza; es de ladrillo, con los ángulos de piedra de blanca y el techo de pizarra. Es sabido que Felipe II lo hizo construir por el célebre arquitecto Herrera, y que todos sus sucesores lo embellecieron, habitándolo durante la estación calurosa. Entré. El interior es espléndido: tiene una sala brillantísima para la recepción de los embajadores, un hermoso gabinete chino de Carlos III, un magnifico gabinete tocador de Isabel II y una profusión de adornos."
La foto de palacio es de la colección de Juanin.
ULTREIA ET SUSEIA