lunes, 13 de abril de 2009

J.F. Bourgoing y el Aranjuez de 1779 ( I )

Jean Francois Bourgoing, diplomático y escritor francés, describia así el Aranjuez de 1779, en su libro "Nuevo Viaje a España o descripción del estado actual de esa Monarquía" (por su amplitud lo trascribiremos en varios post) : " El camino de Madrid a Aranjuez es uno de los más hermosos y mejor conservados de Europa. Encontramos primero el puente de Toledo, ancho, largo, macizo, con numerosos adornos de mal gusto en los pretiles. Un poco más lejos vadeamos el Manzanares, tras lo cual volvemos a encontrar la hermosa carretera de Aranjuez, desde la que se divisan algunos olivares. Al cabo de seis leguas de camino llano y recto, descendemos al encantador valle de Aranjuez, no sin cruzar sobre un hermoso puente de piedra, el río Jarama, que discurre a lo largo de los montículos que de Castilla desaparecen. Hemos cambiado de suelo y de clima; avanzamos a la sombra de frondosos árboles, arrullados por las cascadas y el murmullo de los arroyuelos. Los prados se esmaltan de flores, los parterres hacen gala de los más vivos y variados matices. La más floreciente vegetación ostenta por todas partes lozanía y riqueza. Se presiente la proximidad de un río que fecunda y vivifica el paisaje. El Tajo, que entra en el valle por Levante, serpentea por él durante cerca de dos leguas y va a unirse con el Jarama, después de reflejar los más hermosos cultivos. Los embellecimientos de Aranjuez son modernos. El primer monarca español que fijó allí su residencia durante algún tiempo fue Carlos V, que empezó a construir el palacio que hoy habitan sus sucesores. Fernando VI y Carlos III le añadieron un ala a cada uno. Con esta nueva forma resulta más bien una lindísima casa de campo que una mansión regia. El Tajo corre perpendicularmente a su fachada oriental, bordea su parterre y forma casi bajo sus mismas ventanas una cascada, de la que sale un pequeño brazo del río tan próximo a los muros del palacio que permite al rey disfrutar desde su terraza los placeres de la pesca. Este brazo vuelve luego a reunirse al caudal del río, formando así una isla deliciosa, amplio jardín de forma irregular en el que en todo tiempo se encuentra frescor y sombra. Penetrando profundamente en el laberinto de sus paseos se goza el lujo y la calma de la naturaleza, como si se estuviera lejos de unas cortes, entre rústica soledad. Copudos árboles, altas murallas de verdor y algunas fuentes adornadas con sencillez constituyen todo el ornato del jardín de la isla. Con más magnificencia gustaría menos. Trabajo les costaría a Carlos V y Felipe II reconocer Aranjuez que, bajo la dinastía borbónica se ha convertido en una de las más gratas residencias reales de Europa. Sus principales paseos, sobre todo el llamado calle de la Reina, existían ya mucho antes de los últimos reinados. La altura de sus árboles, sus troncos enormes, su espeso follaje, atestiguan su antigüedad y la bondad del suelo que los sustenta. Pero ya no son el único adorno del valle"
ULTREIA ET SUSEIA

1 comentario:

Desvanecerse dijo...

Hasta el trajin de una burra ha llevado a encontrar paraisos.
Que bonito el seguirte...
Saludos