jueves, 9 de abril de 2009

Borrow en el Aranjuez de 1843.

En 1843 ve la luz el libro de viajes titulado " la Biblia en España", escrito por George Borrow, o Jorgito el Inglés, como se le conoció en nuestro pais.En el prólogo del citado libro, el autor indica que "la obra que ahora ofrezco al publico, titulada La Biblia en España consite en una narración de lo que me sucedió durante mi residencia en aquel pais ( 1835 -39) donde me envió la Sociedad Biblica, como agente suyo, para imprimir y propagar las Escrituras". En el capítulo 44 del tercer libro, Borrow describe el Aranjuez de aquella primera mitad del siglo XIX:
" El buen éxito que coronó nuestros esfuerzos en La Sagra de Toledo me incitó prontamente a acometer una nueva empresa. Determiné encaminarme a la Mancha y distribuir la Palabra por los pueblos de aquella provincia. López, que ya había prestado tan importantes servicios en La Sagra, nos acompañó a Madrid, y ansiaba tomar parte en la nueva expedición. Resolví ir por de pronto a Aranjuez, donde esperaba obtener algunas noticias útiles para regular nuestros movimientos ulteriores; Aranjuez está a corta distancia de la raya de la Mancha, y lo cruza la carretera que lleva a esa provincia. Partimos, pues, de Madrid, y en cada pueblo del camino vendimos de treinta a cuarenta Testamentos, hasta llegar a Aranjuez, adonde habíamos enviado por delante un buen repuesto de libros. Ameno sitio es Aranjuez, aunque abandonado. Allí el Tajo fluye por un delicioso valle, quizá el más fértil de España; y allí surgió, en días mejores para ese país, una pequeña ciudad, con un palacio modesto, pero muy lindo, sombreado por árboles enormes, donde los reyes venían a explayarse olvidando los cuidados del trono. Allí pasó sus últimos días Fernando VII, rodeado de señoras guapas y de toreros andaluces; pero, como dice Schiller en una de sus tragedias: «Los hermosos días de Aranjuez ya se acabaron». Cuando el sensual Fernando rindió su cuenta postrera, la realeza huyó de allí, y el sitio decayó pronto. Ya no se agolpan en palacio los intrigantes cortesanos; su vasto circo, donde antaño los toros manchegos bramaban furiosos en la lucha, está cerrado; y ya no se oye el leve puntear de las guitarras en sus arboledas y jardines. Tres días estuve en Aranjuez, durante los que Antonio López y yo no dejamos en la ciudad ninguna casa por visitar. Hallamos entre los habitantes gran miseria y mucha ignorancia; tropezamos con alguna oposición; sin embargo,plugo al Todopoderoso permitimos vender unos ochenta Testamentos, comprados todos por la gente más pobre; las personas acomodadas no pusieron atención en la Palabra de Dios, y más bien se mofaban de ella y la ridiculizaban. Una circunstancia me agradó y contentó en gran manera, a saber: la prueba ocular de que los libros vendidos se leían, y con mucha atención, por los compradores, y que otras varias personas recibían su benéfico influjo. En las calles de Aranjuez, y debajo de los poderosos cedros y gigantescos álamos y plátanos que forman sus hermosos bosques, vi con frecuencia grupos de individuos oyendo leer en alta voz el Nuevo Testamento. Es probable que, de permanecer más tiempo en Aranjuez, hubiera vendido muchos más de aquellos Divinos Libros; pero ansiaba ganar la Mancha y sus arenosas planicies, y esconderme por una temporada en sus apartados pueblos, para huir de la tormenta que sentía cernerse sobre mí. Una vez más allá de Ocaña, ciudad fronteriza, sabía yo bien que nada tendría que temer de las autoridades españolas, cuyo poder terminaba allí; el resto de la Mancha hallábase casi por completo en manos de los carlistas y recorrido por pequeñas partidas de bandidos, de quien esperaba librarme con la protección del Señor. Partí, pues, para Ocaña, distante de Aranjuez tres leguas"
ULTREIA ET SUSEIA

1 comentario:

Desvanecerse dijo...

Tan grande es la gama de colores que pueden observar los ojos que la naturaleza nos dotó de un arco iris.
Gracias por sentirme asi.
Saludos