viernes, 9 de mayo de 2008

Quintos de Reemplazo

"Ciento y un quintado llevan todos van para la guerra unos ríen y otros lloran y otros se mueren de pena..." (Romance popular)
Reemplazo era el acto por medio del cual una quinta -grupo de personas que generalmente había nacido el mismo año- entraba a servir en la milicia sustituyendo a la anterior. Un sinfín de leyes en los siglos XVIII y XIX venían a establecer diferentes clasificaciones para los mozos incluidos en el llamamiento y diferentes edades de reclutamiento y períodos de cumplimiento. La Ordenanza en 1823, en su artículo 24 indicaba que el sorteo se celebrara "a una hora cómoda de la mañana" del primer domingo de abril, con cinco listas (mozos de 18 a 19, de 20 a 21, de 22, de 23 y de 24 años). Las papeletas con los nombres de los mozos se metían en un cántaro y en otro unas papeletas numeradas. Dos niños, menores de diez años, se encargaban de sacar de uno y otro recipiente ambos papeles y de entregarlos al alcalde y al presidente, quienes leían nombre y número respectivos. La Ordenanza de 1837 cambió los cántaros por globos. Finalmente, la Ley de Reemplazos de 1885 concentró los sorteos en las cabeceras de Zona militares. El sorteo era el acto cumbre de todas las operaciones de reemplazo, alcanzaba las cotas más altas de dramatismo; este sorteo estaba viciado de origen al excluirse habitantes de ciertos territorios aforados, nobles, religiosos, casados, estudiantes, mercaderes, menestrales, etc. Se procuraba que el ejército regular se nutriese de mercenarios, levas forzosas entre maleantes y vagabundos, y de voluntarios, pero las milicias se cubrían con un cupo establecido por la oficina de guerra y repartido proporcionalmente a la población provincial y entre las diferentes parroquias, por el Intendente General del Rey en cada provincia, según la Ordenanza de 1735. Una vez finalizados los preparativos se daba publicidad a la Ordenanza de Leva (alguaciles y párrocos leían esa Ordenanza) y se fijaba el domingo de sorteo con la presencia del Intendente o un representante (Alcaldes, normalmente). La Ordenanza obligaba a todos los mozos en edad de servir en la Milicia Provincial (todos los solteros y casados sin hijos, entre dieciocho y cuarenta años) a presentarse en la plaza de la iglesia; en un sombrero o cántaro se introducían bolas blancas y negras (el número de bolas negras era igual al cupo correspondiente a esa parroquia) y los desafortunados que sacaban la bola negra eran declarados soldados. (Albino Feijoo Gómez: Quintas y protesta social en el siglo XIX)
ULTREIA ET SUSEIA

1 comentario:

Tubular dijo...

Muy bueno. Menos mal que uno ya se libró hasta de hacer la mili, jejeje.

¡Un saludo!