martes, 5 de febrero de 2008

Este tiene cara de Aranjuez...

Nos dice José Alsinet: “ A principios de 1755 fui llamado desde Mérida de órden del Rey ( Fernando VI), por el excelentísimo señor D, Ricardo Wal, primer secretario de estado, para que con el carácter de médico de la real familia, asistiese á la que sirve á S.M. en este Sitio de Aranjuez. Es ciertamente este real sitio, por arte y por naturaleza el mas hermoso de toda la España; es deliciosísimo pero en los meses de julio, agosto y septiembre es poco saludable. La lentitud de las aguas del Tajo (y mejor dijera gravedad) en su corriente, sus exhalaciones, las cañerías subterráneas, que son innumerables, para proveer las fuentes y regar los jardines, dan motivo á que el sitio se esperimente achacoso en los referidos meses, á que ayuda mucho el ser dominado del aire solano y estuosisimo por su situación en un valle hondo y angosto. Cuando llegué á este sitio, hallé multitud de recaidas de las periódicas: los mas tenian color cetrino, sin ganas de comer, el vientre abultado, con dureza en el bazo y vientre inferior, muchos soñolientos y no pocos con tiricia. Estaban bajo la dirección de un amigo mio, célebre médico jubilado y camara de S.M., el que los trataba cuidadosamente con los remedios mas escogidos de su práctico y que encomiendan los más clasicos autores. Con esta prevención procuré examinar á mis enfermos con prolijidad y hecho cargo de la abundancia de materiales que espontáneamente se habian corrompido en el estomago, y se contenian en él y en el intestino deodeno (no obstante de haberse comunicado el vicio á las demas entrañas y al todo), del amargor de la boca, y del pesado dolor de cabeza, no me detuve en principiar la curación por los vomitimos, siempre que no concurriera algun motivo de suspenderlos. Sucedióme tan felizmente esta idea, que en la secesión siguiente me halle en estado de administrar á muchos la quina, según mi método. Mis colonos eran distinguidos en la provincia por el color de su cara: era carácter de los habitantes de Aranjuez el mal color, el mal hábito, la caquexia; tanto que corria como proverbio: este tiene cara de Aranjuez, para ponderación de algún mal hábito. Yo he podido conseguir anular este proverbio. Con efecto, hoy ya no tiene lugar. Ya los de Aranjuez tienen muy razonable color. Ya son pocos los grandes que se ven llevar abultado el vientre, y se oyen quejarse de su tirantés, como se veían y oían antes. Ya los pueblos vecinos no conocen por el color de la cara á los de este real sitio, ni pueden señalarlos con el dedo.” Anales Históricos de la Medicina.
Historia de la Medicina, Tomo IV.
Amadeo Chinchilla. Valencia 1846

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