miércoles, 19 de diciembre de 2007

Fallece Mª Isabel de Braganza y Borbón

María Isabel de Braganza y Borbón, segunda esposa de Fernando VII, nació en Lisboa el 19 de mayo de 1797 y era hija primogénita del rey Juan VI de Portugal y de su esposa, la reina Carlota Joaquina que a su vez era hija del rey Carlos IV de España y hermana de Fernando VII. El matrimonio entre el rey Fernando y su sobrina Isabel de Portugal, se celebró en Cadiz 1816. La boda la concertó en Brasil Fray Cirilo de Alameda y Brea, enviado secreto de Su Majestad Católica, con el objetivo de reforzar las relaciones entre España y Portugal, al igual que el matrimonio entre el infante Carlos María Isidro, hermano del rey Fernando, con la princesa María Francisca de Portugal, hermana de Isabel. Dicen de ella que era "buena como el pan" , pero no poseía gracia alguna. A Fernando VII no se le olvidaría nunca el pasquín anónimo colocado el día de su boda en la verja de palacio: «Fea, pobre y portuguesa.¡Chúpate esa!». Isabel de Braganza destacó por su cultura y afición por el arte.Tuvo la iniciativa de recuperar el proyecto del Museo del Prado (concebido por Carlos III como museo de ciencias naturales) con los diseños de Villanueva y su discípulo López Aguado. Los Reyes contribuyeron a este proyecto con su propio dinero y con obras de arte, procedentes principalmente del Palacio Real. El 19 de noviembre de 1819 un año después de la muerte de Isabel de Braganza, se inauguró el museo bajo el nombre de Museo Real de Pinturas. Contaba con 3 salas y 311 cuadros. Por ello, Isabel de Braganza es considerada como la fundadora del museo. El 21 de agosto de 1817, Isabel de Portugal y Ferenando VII tuvieron una hija que falleció a los cuatro meses. El 26 de diciembre de 1818, a los 21 años, moría en el Palacio Real de Aranjuez, desangrada tras una cesárea en su segundo embarazo. Con una salud muy débil, sufrió un desvanecimiento y perdió el conocimiento. Los médicos creyeron que había fallecido y como se encontraba en avanzado estado de gestación decidieron practicarle una cesárea post mórtem para salvar al bebé. Los gritos que dio la soberana al sentir como la abrían dejaron estupefactos a los médicos. Esa carnicería, sin anestesia, mató a la soberana. Tampoco se pudo salvar al hijo no nato. Os dejo la crónica publicada en la Gazeta de Madrid el 27 de diciembre de 1818.

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