sábado, 26 de mayo de 2007

La Sobervia Practicante (al gallego del bigote)



La Soberbia Practicante. ( La hora de los enanos)
Anoche, caminando por esos mundos del espacio cibernético, casualmente abrí la página de un periódico digital donde aparecían unos comentarios de un sugerente libro que reposa en la una de las estanterías de mi biblioteca, que leí hace tiempo y tenía algo olvidado; el recuerdo hizo que me levantara, lo sacará de su letargo y comenzara a reelerlo. Al cabo de un tiempo de lectura, no pude más que pararme y reflexionar sobre lo leído, viendo pasar por mi mente imágenes, actitudes y actuaciones humanas que me hicieron pensar en la mezquindad y cobardía, de ciertas criaturas que pululan por esta rivera de Dios, inasequibles a toda comprensión, carentes de humildad y llenas de odios banales, forjados en sus realidades absurdas y ególatras, y a los que espero consigan alguna vez sosiego y paz, ya que el entendimiento creo imposible que lo recuperen. Os propongo seguir el camino con la síntesis y parte prólogo de ese libro y partes del primer capítulo que figuraba en esa página web: La soberbia no es sólo el mayor pecado según las escrituras sagradas, sino la raíz misma del pecado. Por lo tanto de ella misma viene la mayor debilidad. No se trata del orgullo de lo que tú eres, sino del menosprecio de lo que es el otro, el no reconocer a los semejantes. Quizá lo más pecaminoso de la soberbia sea que imposibilita la armonía y la convivencia dentro de los ideales humanos. Ocurre que hay momentos en los que se toma como soberbio a quien sobresale por sus virtudes. El vicio tiene que ver con la representación de la excelencia, pero no con la excelencia en sí misma. El excelente no tiene la culpa de serlo. La soberbia en estos casos es la excelencia arrojada a la cara del otro. Mi queridísimo abuelo Antonio me pidió en su lecho de muerte "¡Que nunca nadie te haga callar! ¡No dejes que te hagan callar!". Yo le prometí que así sería y seguí por la vida rebelándome, ante todos los que intentaran robarme la palabra. La soberbia nace cuando la criatura desafía a Dios no admitiendo su condición de criatura y tratando de imponer su deseo frente a la divinidad. Pero se supone que Dios marca los límites que deben tener las pulsiones. Entonces la criatura decide entre servir o no servir a ese Dios y lo enfrenta cuando decide no ser siervo. Por otra parte, nada me abruma más que la falsa humildad. Cuando alguien dice "yo no quiero nada para mí, todo lo que pido lo quiero para otros". Mala señal. A mí la gente que no quiere nada, me produce desconfianza. Ser soberbio es básicamente el deseo de ponerse por encima de los demás. No es malo que un individuo tenga una buena opinión de sí mismo —salvo que nos fastidie mucho con los relatos de sus hazañas, reales o inventadas— lo malo es aquel que no admite que nadie en ningún campo se le ponga por encima. En general, podemos admitir que nosotros tenemos cierto lugar en el ranking humano, y que hay otros que son más prestigiosos. Pero los soberbios no le dejan paso a nadie, ni toleran que alguien piense que puede haber otro delante de él. Además sufren la sensación de que se está haciendo poco en el mundo para reconocer su superioridad, pese a que siempre va con él ese aire de "yo pertenezco a un estrato superior". Si no lo consideran el mejor, el soberbio sufre lo indecible porque todos son agravios, se siente un incomprendido por una sociedad de palurdos analfabetos. Si llega a un convite y lo sientan en el extremo de la mesa, el soberbio se preocupa porque a otro de menor rango lo han puesto en un lugar más prestigioso, o no se han dirigido a él en el tono que considera que está a la altura de sus merecimientos. Mientras que a la gente normal la mueve el saber qué les van a poner en el plato y si van a pasar una velada divertida. Siempre me ha asombrado lo picajosa que es este tipo de personas, por la necesidad de representación de grandeza que requieren. La principal característica que tiene el soberbio es el temor al ridículo. No hay nada peor para aquél que va por la vida exhibiendo su poder, y sus méritos, que pisar una cáscara de plátano e irse de narices al suelo. El ridículo es el elemento más terrible contra la soberbia. Por esa razón los tiranos y los poderosos carecen de sentido del humor, sobre todo aplicado a sí mismos. La soberbia es el valor antidemocrático por excelencia. Los griegos condenaban al ostracismo a aquellos que se destacaban y empezaban a imponerse a los demás. Creían que así evitaban la desigualdad entre los ciudadanos. Pensaban: "Usted, aunque efectivamente sea el mejor, tiene que irse porque no podemos convivir con un tipo de superioridad que va a romper el equilibrio social". La soberbia es la antonomasia de la desconsideración. Es decir: "Primero yo, luego yo y luego también yo." Tal vez, la soberbia sea una cosa sencilla: simplemente se trata de maltratar al otro. No importa tirarle el coche encima a un peatón que está cruzando con la luz amarilla, porque la prioridad para el soberbio es él mismo y sus necesidades. Se trata de quienes tal vez no tengan conciencia de lo que están haciendo por auto glorificación, pero en la práctica piensan: "Yo cuento mucho más que usted". Hay algunos que lo hacen en forma imperceptible a primera vista, pero otros lo muestran con gestos, pequeños o ampulosos o diciéndoselo en la cara a los demás, con lo que corre el riesgo de conseguir el enfado y el rechazo. En materia de autoestima y de búsqueda de la cima ante los demás, los soberbios siempre están a la cabeza. Pero sus caídas suelen transformarse en tragedias que no pueden superar en sus vidas. Por ejemplo, las Escrituras dicen que Cristo derrotará a los soberbios y humillará a los grandes, porque en definitiva son los que más sufren en las derrotas y a los que tiene sentido vencer. ¿De qué sirve ganarle una partida, una batalla o una discusión a un pobre infeliz? No es algo que te haga pasar a la historia. Los soberbios que montan una escenografía de grandeza a su alrededor, son los preferidos para desafiar. Si vas a por los tímidos y los humildes no tiene gracia, porque esta gente casi siempre está esperando que los derroten. En el otro extremo del análisis están los estoicos. En sus meditaciones el emperador romano Marco Aurelio dice: "No le creas a los que te alaban, no creas lo que dicen de ti". Se trata de una humildad que no lo es en el sentido cristiano. Los estoicos no son humildes, simplemente no quieren ser fuertes. Pero por otra parte, rechazan todos los elogios y las alabanzas. "Cuando te levantes cada día —dicen— no pienses si vas a ser emperador, piensa: hoy debo cumplir bien mi tarea de hombre." Esa es la idea, nadie puede estar por encima de la labor humana. Pero, ¿cómo evitar caer en la soberbia? El remedio es muy simple, pero a veces duro de asumir: ser realista. También es cierto, que en el otro extremo el exceso de humildad te pone por debajo del realismo. En esa actitud no valoras ni siquiera lo que tienes, lo que se puede transformar en una gran dificultad desde el punto de vista social. En primer lugar tú sufres, salvo que te complazcas morbosamente en tu nada y en tu pequeñez. Hay un mecanismo que utilizaba San Agustín que es bastante útil. En sus Confesiones dice: "Cuando yo me considero a mí mismo no soy nada; cuando me comparo valgo bastante". Es una frase llena de realismo. Cuando analizas lo que quisieras ser, tus ideales, tus bienes, etcétera, estas por debajo de lo que creías y querías; pero claro, cuando miras a tu alrededor la cosa no está tan mal. Por lo tanto, el extremo desordenado de la humildad —la humillación— es tan malo como el de la soberbia. En definitiva la soberbia es debilidad y la humildad es fuerza. Porque al humilde le apoya todo el mundo, mientras que el soberbio está completamente solo, desfondado por su nada. Puede ser inteligente, pero no sabio; puede ser astuto, diabólicamente astuto quizá, pero siempre dejará tras sus fechorías cabos sueltos por los que se le podrá identificar. FERNANDO SAVATER Los siete pecados capitales (http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2005/07/23/u-1019192.htm) Este humilde blog, nació exclusivamente con la idea ayudar a dar a conocer mi ciudad Aranjuez, a sus buenas gentes, para exponer pequeñas curiosidades y breves pinceladas de su rica historia, por parte de un ciudadano que conoce y es consciente de sus inmensas limitaciones en este campo. Espero y deseo que éste sea el primer y último comentario que se salga del camino marcado, pero parece que algunos, de nuevo, quieren que sea la “hora de los enanos”, como decía José Antonio................... no se confundan ni confundan, criaturas, con sus elucubraciones ,delirios y acusaciones... que van/siguen herrados........

"Para que escribe uno
si no es para juntar sus pedazos"

(E. Galdeano)

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